El mes de septiembre trae doble celebración al fandom de Tokio Hotel por ser cumpleaños de tres de los cuatro integrantes de la banda, y siempre son Tom y Bill quienes más atención traen. Por ese motivo, en un intento de revertir ese plato, el sexto concurso se organizó en torno a Gustav Schäfer, nuestro talentoso baterista. Los requisitos eran que Gustav fuese el protagonista y, para darle un toque entretenido, que la historia fuese un songfic.
El ganador fue elegido en una votación 50% por encuesta y 50% por jueces (más detalles en el grupo de FB). Que lo disfruten. ;)
SuperGus por Jeadore
Resumen: Las primeras impresiones siempre, de alguna u otra forma, repercuten.
O, si no, que lo afirme Tom.
Canción: 'Kryptonite' - 3 Doors Down
Cuando se reunieron por primera vez en el
parque de Magdeburg tras el primer show donde se conocieron, lo primero que Tom
vio fue un chico rubio y menudo, usando una gorra —que luego portaría por años—
y unos anteojos de marco negro mientras leía un cómic de Superman bajo el sol.
—Que no sea uno de esos friki-nerds, por
favor —había resoplado en un comentario hacia su hermano, quien no había podido
evitar una risita.
No obstante, en cuanto aquel chico rubio y
menudo se había sentado frente a la batería y había empezado a tocar, Tom supo,
a pesar de su edad e impertinencia, que debería haberse tragado sus palabras.
Con la marcada impronta de aquella dicotomía
que componía a Gustav, Tom se sentía intranquilo e inexplicablemente
interesado. A medida que transcurrían los días y el tiempo compartido se
incrementaba, le fue inevitable empezar a buscar parecidos y diferencias con su
persona.
De los primeros hechos que notó, fue que
Gustav se levantaba temprano —a una hora totalmente insana para él, en la que
ni creería estar conciente— y desayunaba tranquilo mientras leía en lo posible
el diario. Sin embargo, cuando luego empezaban a ensayar, tocaba con mayor
energía que toda la que demostraba Bill en sus primeras dos horas del día.
También reparó en que se hacía de al menos
unos minutos al día para salir a caminar un rato. Al principio creyó que lo
hacía porque estaba enojado, pero pronto supo que si Gustav se irritaba, los
enviaba a la «mierda» sin tapujos —y Tom pensó que si no lo hacía literalmente,
era porque tenía la suficiente educación para no hacerlo. Si estaba molesto por
alguna razón, Gustav volvía agitado, con el rostro rojo en contraste con su
cabello y con la música azotando sus tímpanos; si no, llegaba con una expresión
tranquila y apenas transpirado. Cada vez que regresaba, Tom lo contemplaba
fijamente: él jamás podría irse a «dar una vuelta» solo para despejar su mente.





